Lo vi, ese tío tan desconfiado, tan preocupado por la lejanía de la jaula más cercana. Pasó las mañanas de su vida soñando sus tardes futuras y las tardes del ahora esposado a su miedo.
Querido, toma esta llave y piérdela, no hay más.
Robó un puñado de palabras cuando la tarde se deshacía al horizonte; eran palabras secas, agrietadas, ásperas al tacto.
En una noche surcada de silencio, hizo de estas palabras un tótem sin rostro para que el viento le diese vida y la mar ternura.
Él ya no estaba cuando el ayer se hizo susurro y la mañana fluctuaba como un nuevo vocabulario entre partículas de palabras robadas.
Atravieso la oscuridad a pasos lentos mirando la torcida geometría dibujada por la luna.
Geometría del vacío que ilumina la nada, que calla el silencio, que rompe la oscuridad y recorta el espacio de tu ausencia.
Es luna de final de invierno que proyecta luz de un (ya) lejano agosto. Es el recuerdo de ti, de mi, del lazo que unió a dos mares y de los suspiros llevados por el viento.
(Barcelona, febrero 2010)
En la orilla del tiempo, espero la Grande Ola amontonando piedras cómo tótems de recuerdos.
Quella pietra chiara e bubbosa, scelta tra centinaia di pietre per forma colore e testura, per le sue caratteristiche scelta da accudire e annaffiare lungo il tempo fino all’ultimo giorno, ebbene, quella pietra quasi con disprezzo sostituì due mesi dopo, annoiato e infastidito, saturo di quelle stesse caratteristiche che la resero tra centinaia di pietre speciale ed unica.
(Barcelona, novembre 2009)
Questa nostra generazione non ha ancora superato il proprio senso di colpa.
Busco la luz del nuevo día más allá de mi desierto, sembrando con paso firme en dirección oeste.